Informaciones Generales

Museo Franciscano

El museo Fray Andrés Herrero, más conocido como museo franciscano de Tarata es uno de los principales atractivos turísticos de la Villa Colonial, en especial para los amantes de la historia, ya que su componente histórico es indisoluble de su esencia religiosa.

El transcurrir de la historia de las misiones franciscanas lo podemos conocer gracias a los documentos del archivo franciscano, que han permitido reconstruir el sistema de vida de esta orden religiosa que estuvo muy ligada a la historia de esta región.

Horario de Apertura del Museo

Lunes – Domingo:

            8.30 am – 12.00 pm

            2.30 pm – 5.00 pm

Las visitas del museo se realizan en grupos según el horario:

9.00, 9.45, 10.30, 11.15

15.00, 15.45, 16.30

A los visitantes los acompaña un guía

Aporte para la manutención y ampliación del museo:

Adultos nacionales – 10 bs

Adultos extranjeros – 20 bs

Estudiantes – 5 bs

Niños hasta 8 años – Gratis

Biblioteca del Convento San Jose de Tarata

Los primeros misioneros que llegaron a Tarata en el año 1796, no sólo cargaron con sus pertenencias personales y con todo lo indispensable para realizar sus tareas conventuales, sino que los pobres frailes se trajeron también su biblioteca, obviamente arrastrándola por mar y por tierra.

En 1802 hay el primer capítulo conventual. El Padre Visitador, Fray Manuel Concha del Colegio de Tarija, anota en el Acta de visitas de haber encontrado una instalación completa, y habla de la librería. De este mismo año es la catalogación de los libros traídos en el viaje: se trata del primer fondo de más de 800 tomos. La documentación guardada en el Archivo nos indica que año tras año irán buscando aumentar el fondo de la biblioteca.

En la década de 1840 se realizan grandes cambios en la iglesia: se construye en piedra la actual fachada de la iglesia con las torres espadañas, se levantan unos metros más las paredes de la nave central, se añaden las naves laterales y, sobre todo, se realiza el actual crucero con sus capillas.

Un documento del 18 de agosto de 1848, redactado por el Padre Visitador General, nos describe lo encontrado después de estas refacciones: sus logros y dificultades. Y por lo que nos interesa escribe: “Habiendo pasado luego a registrar la biblioteca halló los libros con mucha confusión motivada de la incapacidad del lego, y sin estar legalmente inventariados; por lo cual ordenó, y ordena, se haga una sala capaz, donde se pondrán con orden, y prolijidad todos los libros pertenecientes al colegio; y luego se hará un inventario de todos ellos.”

En seguida se construye la biblioteca alta, con su azotea, elevando un tercer piso, sobre la bóveda de la capilla del Santísimo Sacramento del Crucero norte.

Cuando en la década siguiente, los franciscanos construyen, como dependencias, el Convento de San Francisco de Santa Cruz y el Convento del Hospicio de Cochabamba, realizarán otras bibliotecas, posiblemente prestándose libros de la de Tarata. Estas dos bibliotecas últimas, que idealmente forman un unicum con la del Colegio de Propaganda Fide de Tarata, tendrán después historia y desarrollo propio.

Actualmente la Biblioteca Histórica de Tarata está dividida en tres cuerpos o reparticiones.

  1. El primero y principal comprende secciones (indicadas con letras del alfabeto) por materias (Filosofía, Derecho, Literatura, etc.) Contiene 3.452 volúmenes. Confrontándolo con el último inventario manuscrito, que es de 1937, faltarían unos 200 volúmenes.

El segundo contiene obras antiguas y más recientes, de varios contenidos (diccionarios de varias lenguas o manuales de Ciencias Naturales, Medicina y otras ciencias). No está ordenada por materias sino por tamaño de los tomos; y no ha sido catalogada en este siglo. Contiene un total de 2.415 volúmenes.

En un pequeño corredor existe una tercera sección que tiene el aspecto de “depósito” de libros y revistas. Contiene 960 volúmenes.

En total la Biblioteca del Convento posee 6.830 volúmenes (sin contar las colecciones de grandes revistas internacionales tales como “Civiltá Cattolica”, AAS (=Acta Apostolicae Sedis), Acta Ordinis Minorum, etc., debidamente encuadernadas).

Los libros

Siglo XVI

(1501 – 1600)

31 volúmenes

Siglo XVII

(1601 – 1700)

164 volúmenes

Siglo XVIII

(1701 – 1800)

1152 volúmenes

Siglo XIX

(1801 – 1900)

1735 volúmenes

Total

 

3082 volúmenes

Como va observando el Sr. Alberto Enrico Folchi, – que en 1998 ha catalogado la biblioteca grande (el Primer cuerpo), por encargo de IILA- (Instituto Ítalo-Latino Americano), publicado después en CD por la Fundación Histórica TAVERA, – los libros de los siglos XVIII y XIX representan la mayor parte de los volúmenes de la sección. Ello se explica considerando que el convento, fundado a final del siglo XVIII, conoció sus períodos de esplendor en los dos siglos siguientes. En particular el alto número de libros del siglo XIX refleja las añadiduras y adquisiciones realizadas por los docentes del seminario de Tarata, y son testimonio de su actividad.

El 67% de los libros de la sección proviene de ocho localidades, todas europeas. Pocas las publicaciones del Nuevo Mundo antes del ‘800. También en los siglos XIX y XX la mayoría de los libros proviene de Europa: un número notable de publicaciones llega de Milán (50 volúmenes), Barcelona (197 volúmenes) y, sobre todo, Madrid. Dicho fenómeno es debido, tal vez, a la coincidencia del nacimiento del convento de San José con el principio de la decadencia del imperio.

Hay también libros editados en América Latina: 30 volúmenes impresos en Lima y 17 en Cochabamba.

Se observa, por fin, el número de marcas. Las más difundidas son: CMT (Colegio Misionero Tarata), que aparece en 2.130 volúmenes, y MED, de la cual no se ha conseguido descifrar el significado.

La Estanteria

Las secciones principales de la biblioteca son:

La primera, indicada con la letra A, que comprende las “Grandes Obras”, y se divide en cuatro sub-secciones (Aa: Diccionarios, Enciclopedias y otras obras de consultación, 90 vols.; Ab: Biblias, 32 vols.; Ac: obras completas, 187 vols.; Ad: Colección de textos y fuentes, Actas de concilios, etc., 41 vols.). El número total de los volúmenes es pues de 350. Cabe señalar, entre las obras completas, las de Santo Tomás, de San Agustín, de San Buenaventura, de San Gregorio Magno, de San Roberto Belarmino, de San Hilario y de otras grandes figuras, también laicas, como Bossuet y Benjamín Constant.

La segunda, indicada con la letra B (Miscelánea), también está dividida en algunas sub-secciones (Ba: Comentarios bíblicos, 158 vols.; Bb: obras de Padres y Doctores de la Iglesia, 16 vols.; Be: Teología y Sermones, 1.579 vols.; Bd: Historia, 240 vols.; Be: obras varias, 460 vols.). El número es pues de 2.453 libros. Se trata de la sección más rica, y ello es comprensible tratándose de libros de un convento. Vale la pena señalar en esta sección una edición del ‘600 de los Commentarii in textum evangelicum del cisterciense Juan de Sylveira.

Otra sección de notable importancia es la reservada a los textos jurídicos: unos 275 volúmenes de estudios y comentarios (Db), principalmente de derecho canónico.

Actualmente la biblioteca se ha quedado como un simple repositorio de libros. Esperanza grande es volver a darle vida, como se ha logrado con el antiguo archivo de Tarata. Qué los pocos que se atrevan a desafiar el latinorum de nuestros antepasados y sus interesantes reflexiones, puedan acudir a estos estantes, que siguen cargados de libros viejos y honrados, apuntalando así la actual cultura de Bolivia.

Centro franciscano de documentación e investigación eclesiástica

Bolivia es un país singular. Situado entre los Andes y el Amazonas y habitado por la gente de varias culturas y tradiciones es uno de los países más interesantes de América del Sur: lugar donde las civilizaciones ancestrales y la religión católica se encontraron dando inicio de una integración, desarrollo cultural y humano, inclusión de las poblaciones indígenas en el proceso de consolidación que llega hasta el presente.

Varios patrimonios culturales de la humanidad, como por ejemplo las Misiones de la Chiquitanía y Guarayos, las ciudades coloniales de Potosí y Sucre, la cultura del norte de La Paz, de Tarija y del Chaco son testimonio de la evangelización realizada por los misioneros franciscanos que se integraron intensamente con los pueblos originarios promoviendo la cultura nativa y desarrollándola a través el contacto con la tradición cristiana y europea. Los archivos y las bibliotecas de los conventos de Cochabamba, Sucre y La Paz, los museos de Tarija, Copacabana y San Javier conservan los documentos de un valor inestimable y ofrecen a los investigadores el material para trabajar sobre la hermosa historia que todavía no es plenamente conocida, rescatada y presentada.

Bolivia siendo también situada en el estratégico corazón sudamericano, es de fácil acceso por las vías terrestres y áreas y tiene fronteras con cinco naciones sudamericanas, incluyendo Brasil y la Argentina.

Todas estas cualidades y condiciones convierten a Bolivia en un lugar atractivo para la investigación científica sobre la historia y la cultura, así como sobre el presente en la mirada hacia el futuro: una opción para la elaboración de los proyectos de desarrollo económico, social y cultural para conseguir la autosostenibilidad de los pueblos originarios, basados en tres pilares fundamentales: las Escuelas de Arte, el Desarrollo Cultural y el Turismo Religioso, teniendo como eje transversal la inclusión y promoción humana.

¿Por qué la importancia de las ciencias humanas y de la investigación sobre las culturas en el diseño curricular de los estudios superiores?

Hablando de la cultura y de las culturas no se puede prescindir de la tarea que en este campo poseen los centros de estudios y, particularmente, las universidades católicas. Sabemos que los problemas de la cultura no se presentan desligados de los otros problemas de la existencia humana, como son por ejemplo el desarrollo económico o la lucha contra la pobreza. Mas bien, precisamente la cultura es la dimensión fundamental del hombre integralmente considerado. La significación esencial de la cultura consiste en el hecho de ser una característica de la vida humana como tal: “el hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura” (cf. Santo Tomás, comentando a Aristóteles, en Post. Analyt., núm. 1). El ser humano gracias a la cultura y a través de ella, se distingue y se diferencia de todo lo demás que existe en el mundo visible. El hombre vive siempre según una cultura que le es propia. La cultura es también aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre. La cultura se sitúa siempre en relación esencial y necesaria a lo que el hombre es, mientras que la relación a lo que el hombre tiene, a la producción, en este sentido no sólo es secundaria, sino relativa. Precisamente son las culturas humanas que reflejan los diversos sistemas de relaciones de producción y constituyen una clave para la comprensión de la historicidad del hombre y de las múltiples formas de su desarrollo. Se podría decir que precisamente gracias a la cultura que la materia viene “espiritualizada”; gracias a la cultura se realiza una sumisión del elemento material a las fuerzas espirituales del hombre, es decir, a su inteligencia y a su voluntad.

Presentando el rol de la cultura para el hombre no se puede olvidar de la relación orgánica y constitutiva que existe entre la religión en general y el cristianismo en particular y la cultura. Ciertamente no será exagerado afirmar en particular que, a través de una multitud de hechos, la historia de varias naciones atestigua la relación entre la cultura y el cristianismo. Así es también en el caso de Bolivia. Al recordar esto, no se quiere disminuir de ninguna manera la herencia de otras fuentes de inspiración religiosa, humanista y ética. Sin embargo, el conjunto de las afirmaciones que se refieren al hombre pertenece a la sustancia misma del mensaje de Cristo y de la misión de la Iglesia, a pesar de todo lo que los espíritus críticos hayan podido declarar sobre este punto. Pensamos, sobre todo, en la vinculación fundamental del Evangelio, es decir, del mensaje de Cristo y de la Iglesia, con el hombre en su humanidad misma.

De todo esto se desprende la primera y esencial tarea de la cultura que es la educación. La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda “ser” más y no sólo que pueda “tener” más, y que a través de todo lo que “tiene” y “posee”, sepa ser más plenamente hombre. Para ello es necesario que el hombre sepa “ser más” no sólo “con los otros”, sino también “para los otros”. La educación tiene una importancia fundamental para la formación de las relaciones interhumanas y sociales. El hombre, que “es más” gracias también a lo que “tiene”, debe saber poseer, es decir, disponer y administrar los medios que posee, para su bien propio y para el bien común. La instrucción es indispensable para ello.

El problema de la instrucción siempre estuvo estrechamente ligado a la misión de la Iglesia. La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha fundado escuelas e hizo nacer las universidades. También en nuestra época debe ofrecer la misma contribución en todos los lugares donde su actividad en este campo es solicitada y respetada. El sistema de enseñanza está orgánicamente ligado al sistema de las diversas formas de orientar la práctica y la popularización de la ciencia, que es para lo que sirven los establecimientos de enseñanza de nivel superior, las universidades y también, dado el desarrollo actual de la especialización y de los métodos científicos, los institutos especializados. La tarea principal de las universidades es el defender el futuro de la ciencia y de la cultura humana, más aún, defender el futuro del hombre y del mundo. Por eso, hay que movilizar las conciencias. Es necesario convencerse de la prioridad de la ética sobre la técnica, de la primacía de la persona sobre las cosas, de la superioridad del espíritu sobre la materia. No queremos olvidarnos de la u dimensión material y económica, sin embargo, recordamos que estas dimensiones están ligados a la dimensión espiritual de la persona humana. Recordamos que el futuro del hombre depende de la cultura, porque ella nos defiende de la creciente amenaza del odio y de la destrucción. La paz del mundo depende de la primacía del Espíritu.

Visión

Vemos a una Bolivia consciente de sus ricas tradiciones, culturalmente fuerte y orgullosa de sus raíces, diversificada e integrada, que acepta su historia compleja, abierta a la diversidad y sin la necesidad de contraponer unos contra otros u algunas tradiciones y culturas contra otras.

Misión

Aspiramos promover el acercamiento y la articulación de los diferentes actores estratégicos del desarrollo científico, cultural y turístico: los representantes del mundo académico, las autoridades originarias, locales y eclesiales para promover la investigación y concretizar el debate en las ideas, acciones y acuerdos que posibiliten la creación de un vía propia y sostenida de desenvolvimiento económico y social.

Objetivos

  • Crear una plataforma de ideas, iniciativas y proyectos que sustenten el desarrollo patrimonial y turístico del país, fortaleciendo las actividades investigativas y culturales hacia adentro y, a la vez, integrándolo complementariamente al mundo.
  • Alentar una contra parte activa y comprometida de estudio, y, a la vez, promover los cambios necesarios para que las investigaciones sintonicen cada vez más y mejor con visiones holísticas de la realidad.
  • Fomentar la formación de los profesionales que serán la respuesta a las necesidades del mañana
  • Rescatar las tradiciones de las poblaciones más vulnerables, que pueden desaparecer, por falta de trabajo para sus pobladores.

Medios

  • Estructurar los centros de investigación científica modernos en los Conventos Franciscanos de Tarata y Tarija, bajo la administración de la Universidad Católica Boliviana y en la estrecha colaboración con la Provincia Misionera San Antonio en Bolivia. En estos centros se centralicen los documentos archivísticos de los Conventos Franciscanos de Bolivia (Cochabamba, La Paz)
  • Potencializar la función cultural y educativa de los museos franciscanos de La Paz, Sucre, Potosí, Copacabana, San Javier.
  • Organizar los cursos, talleres, seminarios, estudios de postgrado para los laureados en el turismo, historia, historia de arte, antropología, filosofía, etc.
  • Promover los trabajos de investigación etnográfica y antropológica en los pueblos de Chiquitos, Guarayos, Chaco, etc, y preservando en este modo las tradiciones locales, salvaguardándolas de su perdición.
  • Organizar los festivales para presentar a un vasto publico las tradiciones culturales de los pueblos originarios y ofreciendo a los artesanos la posibilidad de la venta de sus productos.
  • Organizar, en la estrecha colaboración con las autoridades locales, las rutas de las misiones franciscanas para promocionar el turismo religioso y permitir autosostenibilidad de los pueblos misioneros.
  • Entrar en la colaboración con Pontificia Universidad Antonianum en Roma que nos va asegurar el apoyo científico y ofrecer ayuda direccional.

Ejecutores del proyecto

  • Universidad Católica Boliviana
  • Provincia Misionera San Antonio en Bolivia
  • Pontificia Universidad Antonianum en Roma